sábado, 12 de diciembre de 2009

Como tener la casa como un cerdo

Éste es el título del último librucho que me he leído. Su autor, P.J. O'Rourke, lo escribió en 1987, dando algunas pautas para ser el perfecto soltero y tener la casa empantanda pero, por contra, ahorrar tiempo y dinero en la limpieza del hogar. Transcribo algunos fragmentos para vuestro deleite (o para que le deis al botoncillo de arriba a la derecha de la pantalla que cierra esta mierda). Por cierto, es más ameno si lo leéis tomándoos un katxarri (J&B, vodka, orujo o loque).


La teoría es que la limpieza, al igual que la seducción, debe seguir una dirección descendente: desde el techo hacia abajo. No hace falta ser muy listo para comprender que la teoría es una estupidez, porque la gravedad ya se encarga de eso; si hubiera porquería en el techo, se caería al suelo. Lo mismo pasa con las paredes: la porquería se desprende y cae al suelo. En cuanto a la suciedad del suelo propiamente dicha, lo mejor es no tocarla porque se sube rápidamente a las paredes y al techo. Pero, ¿con qué frecuencia hay que limpiar la casa? Una vez por novia.

Toda cocina debería tener su friegaplatos, de preferencia que sea mona y no lleve puesto más que el delantal. En su defecto, se puede recurrir al método minimalista para evitar los platos sucios, que consiste en no usar más que dos palillos y el hueco de una mano. También hay un método maximalista: comprar los platos por cajas enteras en ventas al por mayor. Al acabar cada comida, mete los platos en la pila y deja correr el grifo hasta cubrirlos de agua. A continuación, vacía una docena de paquetes de gelatina. Cuando se tiene otra tanda de platos sucios, repite la operación. Por último, cuando el fregadero está casi lleno, introduce dos tapaderas en la última capa de gelatina, sin cubrir las asas. Una vez bien cuajada esa masa, tira con fuerza de las tapaderas para desmoldearla de la pila, lo echa todo a la basura y se van a comprar más platos.

Para tener limpias las sábanas, no hay más que emborracharse todas las noches y quedarse dormido encima de la cama. Si ya tienes sábanas sucias, amontónalas en medio del salón. Quizá pasen por una muestra de arte moderno.

Toda la comida del auténtico soltero va frita, preferiblemente con aceite de oliva, manteca o mantequilla, pero nunca con aceite de soja, margarina ni ningún otro sucedáneo de grasa que sea bueno para la salud. La grasa es el ingrediente clave de la cocina de un soltero.

Receta de cocina:
Desayuno estándar "Tirado de Fácil". Desmenuza con la mano cuarto de kilo de bacon, échalo en la sartén y deja que suelte toda su grasa. Casca un par de huevos en una fuente y vete cubriéndolos con la grasa hirviendo hasta que veas que están hechos. Se sirve con aspirina y una copa de vodka.
Auténticas hamburguesas: Manosea bien la carne picada y aplástala con una piedra. Fríela a fuego bien fuerte para que se salpique todo. Añádele montones de sal y pimienta y los bollos para hamburguesas más asquerosos que puedas encontrar. Si la quieres con queso, usa quesitos, ya que el queso de verdad no se derrite ni con lanzallamas atómico.
Chisme de atún: esta receta es asquerosa, pero sirve para demostrar a madres y novias que se dominan los fogones. Échese a la trituradora un puñado de atún en aceite con sopa de champiñones y una lata de guisantes. Debe quedar espesito. Viértase la masa obtenida en algo que no explote dentro del horno y desmíguense patatas de bolsa por encima. Déjese en el horno el tiempo que se tarda en ver un partido de fútbol en la televisión.

Enorme juerga borrachil. Ésta es una de las ocasiones en las que se pueden aprovechar los conocimientos prácticos del soltero. Para el soltero, las fiestas no tienen secretos. En realidad, un buen soltero es él mismo una fiesta viviente. Por lo menos, eso es lo que me dijo mi novia cuando encontró las botellas de ginebra debajo del sofá. Creo recordar que sus palabras exactas fueron: "Eres una inmundicia borracha y repugnante". Y esa es una buena descripción de lo que son las fiestas cuando salen bien.

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